Teddy Bautista me califica de “imbécil, inane o cualquiera de las dos cosas” en esta entrevista de Juan Carlos Rodríguez para el Magazine de El Mundo:

 

P. Perdone, ¿es usted el “ministro no oficial de Cultura”? Así lo cree Enrique Dans, profesor de Sistemas de Información en el Instituto de Empresa y gurú de Internet, quien además considera a César Antonio Molina “el ministro de la SGAE”…
R. Bueno, este señor es un imbécil o un inane, o cualquiera de las dos cosas. Llamarme a mí “ministro de Cultura” es una estupidez, y llamar a César Antonio Molina “ministro de la SGAE” es un insulto.

P. Interpreto que Dans recoge una percepción que hay en la sociedad…
R. ¡Será su percepción! Y si es su percepción está desorientando a la gente.

P. Decía que el profesor alude a la cercanía de la SGAE con el poder.
R. Noooo. Eso es un lugar común completamente equivocado.

P. ¿Nunca le ha cantado al ministro de Cultura Ponte de rodillas?
R. No, en absoluto. Yo a los ministros de Cultura siempre les he tenido un gran respeto. El sentido de aquella expresión [Get On Your Knees, título original en inglés] no era la de ponerse de rodillas, sino la de postración, en actitud orante.

Interesante tema, este de los insultos a través de los medios de comunicación

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Sergio C. Fanjul, de El País Semanal, me cita en su artículo titulado “Amistad 2.0“, en el que se plantea la evolución de las relaciones de amistad en nuestros tiempos y hasta qué punto las redes sociales suponen una devaluación de las relaciones o una herramienta que potencia las mismas. Para la preparación del artículo, me hizo la siguiente entrevista:

P. ¿Crees que las redes sociales modificarán el concepto tradicional de amistad?

R. El concepto de amistad es único, entero y verdadero, no puede ser modificado por algo como las redes sociales. La palabra “amigo” sí puede llegar a devaluarse, porque algunas redes sociales la usan como sinónimo de “contacto”, cuando el concepto es realmente diferente. Pero sobre todo, lo que entra aquí es un tema de convencionalismos sociales y normas de educación acuñadas en la tradición que actúan de diversas maneras: por ejemplo, en personas de más de treinta años, la idea de decir que no a una petición de amistad de alguien que no conoces o no consideras tu amigo es vista como relativamente complicada. Muchos años de educación tradicional basada en el mundo analógico nos han enseñado que a una persona que viene “con la mano tendida” no podemos simplemente decirle “no, no quiero ser tu amigo”, razón por la cual lo que hacemos es entrar en una dinámica de comportamiento muy extraña, en la que nos autojustificamos con razones para poder decirle que sí (”no me suena, pero seguro que sí lo conozco, voy a ver quiénes son sus amigos”, etc.) e incluso, si realmente no lo conocemos, optamos, en lugar de responderle, por “dejarlo en la nevera”, como si por no responderle fuésemos menos “bruscos”, cuando en realidad no es así. En este tipo de conductas se dejan ver, incluso, sesgos en función del género: sin ánimo de querer sonar chauvinista, para las mujeres, típicamente, decir que no a una petición de amistad en una red social de alguien que no conocen o no consideran amigo resulta más sencillo y se considera culturalmente más aceptado, mientras que en los hombres no suele ser así, y tienden a aceptar con mayor amplitud de criterios. Y en los jóvenes, la conducta es mucho más excluyente, y normalmente solo aceptan a quienes realmente conocen fuera de la red. Es un tema interesante, porque la condición de “inmigrantes digitales” conduce a conductas complejas en el mundo digital.

P. ¿Crees que el uso de redes sociales quita tiempo a las relaciones reales, es decir, estamos cada vez más tiempo conectados en vez de estar en un bar de cañas o en un parque con nuestros amigos?

R. No, no es así. El uso de las redes sociales, exceptuando cuestiones casi patológicas, es complementario, no excluyente. Mi hija, por ejemplo, tiene Tuenti cargado en cualquier ordenador que tenga cerca, y refresca la página con relativa frecuencia. ¿La aísla de alguna manera ese comportamiento? En absoluto, de hecho lo que la aislaría sería que se lo restringiese, porque pasaría a ser “la que no se entera”. Y por supuesto, no ha dejado de ver a sus amigos, ni de quedar con ellos, ni de salir a la calle, ni tiene la piel blanquecina por la radiación de la pantalla… todo eso son mitos de quienes no han entendido el cambio. En realidad, la red social permite complementar las relaciones, mantenerlas en circunstancias que antes no lo permitían (yo mantengo relación con algunos de mis amigos que viven en otros lugares, con un nivel de proximidad que antes nunca podría haber tenido), y enriquecerlas con muchos más matices.

P. En las redes sociales no se diferencia entre amigos y conocidos. ¿Es esto correcto?

R. No es correcto. En algunas redes sociales se diferencia hasta en cuatro escalones: todo el mundo, contactos, amigos y familia. En otras, se pueden establecer grupos y tratarlos por separado, compartiendo algunas cosas con unos y otras con otros. Las herramientas lo permiten, lo que pasa es que nos falta aprender a utilizarlas correctamente. Como siempre en tecnología, la adopción y la popularización se desarrollan antes que los protocolos sociales de uso.

P. ¿Crees que la gente hace amigos nuevos en las redes sociales o simplemente reproduce su círculo real?

R. Depende del contexto. En algunas redes se estimula el descubrimiento de amigos, y algunas personas lo utilizan para establecer nuevas relaciones con otras personas. Existen todo tipo de patrones, algunos de ellos muy interesantes: entre los jóvenes, en general, prima la reproducción del círculo que tienen fuera de la red, pero también existe el “fenómeno fan”, poder contactar con alguien con quien mantenías una relación de naturaleza asimétrica (un famoso, una persona que posiblemente te conoce pero no te recuerda, etc.), el “reflejo genealógico” que te lleva a contactar con personas que tienen tu mismo apellido, etc.

P. ¿Estás de acuerdo con que los usuarios coleccionan amigos “como quien colecciona sellos”?

R. En algunos casos es así, y a veces es hasta lógico: pensemos, por ejemplo, en un uso con fines políticos (perfectamente lícito, la política es una parte de nuestra esfera social), comercial, de búsqueda de apoyos para una causa, etc. En otros casos, lo que se da es un fenómeno que se conoce como “escalada de privilegios”: entras en la red, y das de alta a tus amigos. Pero un día aparece alguien que no es amigo y, por alguna razón, lo aceptas, momento en el que pasas a aceptar a personas que, aunque no sean amigos, cumplen el mismo requisito que esa persona que aceptaste antes. Al final, acabas aceptando a quienes tienen conocidos comunes, o incluso a todo el mundo si tu perfil es mínimamente público, lo que da lugar a redes de baja calidad.

P. ¿Existe el peligro de crear identidades falsas?

R. El anonimato es un derecho que Internet ofrece y que debe mantenerse. Sin embargo, un perfil con un nick o con un nombre falso ofrece menos confianza, y en el contexto de una red social, tiene menos sentido, es como andar por la calle con una media en la cabeza. Por otro lado, algunas personas precisan, por la asimetría de sus relaciones sociales (personas muy conocidas o expuestas), algún tipo de recurso al anonimato o a la discreción, y retirárselo no sería lícito. No hay ningún problema en el anonimato mientras se mantenga un control del mismo: si en la lista de contactos de mi hija veo a un tal “vengador enmascarado”, mi preocupación no será su seudónimo, sino saber si ella está segura de quién es realmente.

P. En definitiva, son perjudicial o beneficiosas las redes sociales para la amistad.

R. Decididamente beneficiosas. Permiten relaciones de mayor intensidad, con mayor profundidad en el intercambio de datos, con recurso a la multimedia y a compartir fotografías y vídeos, y sobre todo, permiten mantener relaciones de amistad cuando la proximidad física desaparece, no solo por la disponibilidad del canal – todos sabemos que ya existe el teléfono – sino por el cómodo balance síncrono-asíncrono que tiene. A ver, por muy amigo que sea de mis amigos… ¿cuándo habría podido pensar que estaría viendo un programa en la tele a las once y media de la noche, y al ver algo que me apetece comentar con un grupo de amigos, los tendría ahí, a tiro de Twitter o de chat de Facebook? Nunca me he sentido tan cerca de mis amigos como desde que los tengo conectados a través de redes sociales.