matias_pratsEs decididamente una batalla en la que los grupos de presión llevan una gran ventaja a la ciudadanía: la de la dialéctica. Apoyándose en un persistente y feroz aleccionamiento a medios y comunicadores, los lobbiesde la propiedad intelectual han conseguido que toda referencia que se haga a cualquier tema relacionado con sus intereses se haga constantemente usando los mismos términos. Enciende la televisión, hojea un periódico, escucha la radio y lo comprobarás: cada vez que aparece la palabra “descargas”, lo hace acompañado del calificativo “ilegales”. Cada vez que se refieren a alguien que descarga un contenido, sea el que sea, el adjetivo utilizado es “pirata”. Cada vez que se menciona el fenómeno del P2P, la palabra escogida es “piratería”. Así, insistentemente, de una manera tan obsesiva que se diría que les pagan por cada vez que uno de estos términos son mencionados en papel o en antena. Y como consecuencia de semejante gota a gota, se consigue que la percepción penetre en la sociedad, que se establezca como “lugar común”, y te puedes encontrar incluso a personas perfectamente cultas, conocedoras de la legislación y del funcionamiento de la red que, lentamente, van adoptando estos erróneos calificativos y los utilizan en sus conversaciones habituales. Fatal error. La batalla de la dialéctica es crucial en las percepciones, y no podemos transigir ni mínimamente en este sentido.

El problema fundamental de esta dialéctica es, pura y simplemente, que es falsa. El uso del adjetivo “ilegal” para referirse a las descargas de material de Internet es totalmente incorrecto, como bien demuestra el aluvión de sentencias de jueces españoles que han declarado que no existía delito alguno en tales actividades. Cada vez que escuchamos “descargas ilegales”, por tanto, nuestra reacción debería ser la de torcer el gesto y preguntar “¿a qué te refieres con eso?”, dado que está sobradamente probado que no existe nada de ilegal en descargarte de Internet lo que buenamente quieras.

El calificativo “piratas” merece una consideración aparte: por un lado, el movimiento revisionista de los derechos de autor utiliza la estética pirata, rodeada de un romanticismo y una épica particulares, para crear una conciencia de grupo, una identidad común. Se trata de una identificación obviamente ficticia e hiperbólica que ha llevado, por ejemplo, al Piratpartietsueco y a sus homólogos en otros países a utilizar el término, pero que en todos los casos resulta evidente su carácter anecdótico. Sin embargo, cuando se usa el término “pirata” o “piratería” por parte de un medio de comunicación, no se suele hacer para referirse a estos partidos ni a una actitud determinada, sino con la connotación negativa de quien roba, de quien se apodera de lo que no es suyo. Algo, por tanto, radicalmente falso, incorrecto y contra lo que hay que luchar: ninguna persona que se descarga un archivo de Internet roba nada, nada desaparece de su lugar, ni perturba en modo alguno el uso que su propietario pueda hacer de ello. Nadie se atribuye la autoría ni comercia con el bien objeto de copia. No existe, por tanto, piratería alguna. Esto lleva a que cuando alguien utilice el término en una conversación, se le deba contestar con mirada de extrañeza intentando entender qué le lleva, en medio de una conversación sobre Internet, a referirse a las actividades de los saqueadores de barcos en las costas de Somalia o en el Índico: algo completamente fuera de contexto e injustificado.

La tercera batalla dialéctica, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones, pretende identificar de manera burda la descarga de materiales por la red, que llevan a cabo particulares completamente al margen de todo ánimo de lucro y cuya legalidad ha sido sancionada por numerosos jueces, con la venta callejera de copias ilegales de CDs, una actividad empresarial mafiosa que se aprovecha de la propiedad intelectual de terceros y de la explotación de inmigrantes en condiciones laborales injustificables para obtener un beneficio. Nada, absolutamente nada que ver: cualquier identificación torticera de este tipo debería recibir críticas por falta de rigor.

Debemos exigir a medios y comunicadores máxima seriedad en este tema. Tolerancia cero. No se pueden aplicar calificativos erróneos de manera persistente, y menos cuando éstos resultan insultantes para una parte significativa de su audiencia y de la ciudadanía en general. No se puede tolerar que ayer por la noche, Matías Prats se refiriese al Piratpartiet sueco, que podría estar al borde de conseguir su segundo escaño en el Parlamento Europeo, como “un partido que aboga por las descargas ilegales de Internet”. Si Matías Prats está desinformado, que se informe, que en ello le va el desempeño de sus responsabilidades como comunicador. Y si por el contrario, no se trata de desinformación, sino de que tiene algún otro tipo de agenda oculta, que la revele, para saber a qué atenernos y a qué sitio no debemos acudir si queremos recibir información sin ser insultados.

delacroix-eugene-la-liberte-guidant-le-peupleAyer se consumó el liberticidio: Francia ya no es un país democrático. Si vives en ese país, careces de derechos tan básicos como el secreto de las telecomunicaciones: el que te proporciona la conexión a la red, puede además curiosear en ella para asegurarse que la información a la que accedes esté permitida por el “Ministerio de la Verdad”, puede abrir tus cartas para ver si dices tacos. Y de ser así, puede condenarte al ostracismo digital, a penas de entre dos meses y un año de desconexión. Eso sí, mientras sigues pagando religiosamente una factura convertida en multa, que si no, las empresas de telecomunicaciones se le enfadaban por el descenso de los ingresos.

El ejercicio de ingeniería político-económica diseñado por Nicolas Sarkozy es tan sumamente alambicado, tan burdo y tan inútil, que provoca auténtico asco. Han tenido que amenazar, que conminar a sus propios parlamentarios para que acudiesen y votasen en el sentido de lo dictado por su partido, para que no se escondiesen tras los cortinones. Han tenido que ignorar la evidencia de un Parlamento Europeo que se opone a las mismas medidas que hoy Francia aprueba, por considerarlas una amenaza a las libertades más básicas de la persona. Ver a unos políticos que se supone deben servir al pueblo que los votó, haciendo el caldo gordo a las empresas de telecomunicaciones y de propiedad intelectual, para que éstas puedan intentar exhibir el recurso del miedo y evitar que los consumidores abandonen el edificio que se resquebraja, que se derrumba. Un recurso al miedo, al “a la tercera te corto la conexión”, que se transforma en advertencia de cura preconciliar, en el equivalente postmoderno de aquel “te vas a quedar ciego” o “te va a salir pelo en las palmas de la manos”, mientras el sistema hace aguas por los cuatro costados.

Lo más sencillo es lo más obvio: HADOPI irá primero a por lo gordo, a por el volumen, a por aquellos que, presas del coleccionismo, descargan a todas horas mucho más de lo que racionalmente pueden llegar a consumir. Algunos de esos sufrirán los primeros golpes, que serán aireados por los medios como si fuesen triunfos del sistema. En paralelo, irán popularizándose medios para evitar la vigilancia y la monitorización: sistemas de cifrado robustos, métodos para sustituir descargas por streaming directo desde ficheros .torrent, para moverse por VPNs y por los túneles subterráneos de nuestra ciudad digital sitiada… La red, como siempre, reacciona a todo bloqueo aislándolo, enquistándolo, convirtiéndolo en irrelevante, en patético y ridículo intento de oponerse al progreso, a lo inevitable.

HADOPI ha dejado de ser una amenaza, y ha pasado a ser un desafío. Veremos cuanto tarda en caer. Viva la Résistance!

Ley Hadopi

Ayer la Asamblea nacional francesa adoptó en segunda lectura la Ley Hadopi con 296 votos a favor y 233 en contra. La ley volverá al Senado, aunque si esta cámara funciona de manera similar a la española, lo más probable es que la ley salga adelante con más o menos enmiendas. Ante todo, me gustaría apuntar que la decisión de que sea un órgano administrativo y no estrictamente judicial el que controle la aplicación de la ley, me parece un tanto sorprendente. Ignoro si existen precedentes legales de algo parecido en nuestro país, pero mucho me temo que en España, al tratarse de un derecho constitucional, una medida parecida sería de difícil aplicación. En mi opinión yo creo que todo parece indicar que aquí se impondrá una medida a la francesa, pero con matices. El gobierno, después del nombramiento de González-Sinde, es probable que se dirija a un modelo en el que serán los ISP, y finalmente los usuarios, los que paguen el pato de las descargas ilegales; es decir, se hará abonar a los usuarios de las conexiones un cánon sobre la propia conexión. Esto sería una solución que contentaría al máximo de agentes sociales, y que por tanto me parece la más probable.
Sarkozy está decidido a proteger a la industria audiovisual y a los autores de sú país. ¿Qué haremos en España?

copyright

Me gustaría reproducir aquí un debate que se produjo ya hace unos días en el blog del aspirante a Gurulollas del Año Julio Alonso. La discusión es de un nivel mucho más alto del que se suele ver por foros y blogs de Internet, en los que los que intervienen son claramente adolescentes con un nivel de formación que deja mucho que desear, como se deduce de sus errores gramaticales y ortográficos. Por eso creo que la conversación merece ser leida desde aquí. Porque los que le dan réplica al señor Alonso tienen un nivel intelectual claramente superior al de este gurulollitas.

La negrita cursiva, cortesía del usuario Nexus 2.0. 

El texto después del salto.

(más…)

piratbyranEl Partido Pirata se convierte en la tercera fuerza política en Suecia, tras triplicar su número de miembros en solo tres semanas como reacción fundamentalmente a la publicación del veredicto de The Pirate Bay. Con 44.000 afiliados y creciendo a un ritmo muy rápido, el Piratbyrån ha sobrepasado ya a los liberales del Centerpartiet y amenaza la segunda posición de los conservadores del Moderata samlingspartiet, mientras la primera posición en número de afiliados sigue correspondiendo al Sveriges socialdemokratiska arbetareparti, los socialdemócratas, el partido más antiguo del país fundado en 1889 y que cuenta con unos 120.000 afiliados.

El Piratbyrån defiende la reducción del copyright para que éste cubra únicamente el ámbito de las transacciones comerciales, eliminando por tanto la incriminación de ciudadanos comunes por algo que pueden hacer desde sus casas y que, como todos sabemos, no puede ser perseguido sin violar derechos humanos como la confidencialidad de las comunicaciones. Según este principio, los agregadores de torrents se reducen al papel de un mensajero, una figura que, en democracia, siempre ha estado dotada de inmunidad con respecto al contenido de los mensajes que porta.

Con las elecciones al Parlamento Europeo a la vuelta de la esquina, la cosa tiene su evidente importancia: según su líder, Rick Falkvinge, el partido ha pasado de contar con un escaño testimonial, a plantearse que puede conseguir varios puestos parlamentarios (Suecia cuenta con 19 escaños en el Parlamento Europeo), y trabajar desde allí en un entorno en el que tradicionalmente la influencia ha correspondido a los poderosos lobbies de la industria. De cara a las elecciones que se celebrarán entre el 4 y el 7 de Junio, los retos del Partido Pirata son ahora el conseguir que las papeletas lleguen a todos los colegios electorales (en Suecia, la logística de distribución de las papeletas corresponde a cada partido) y que la conversión de esos afiliados a votantes siga las métricas habituales en el país escandinavo. ¿Cómo responder a estos retos? Lógicamente, intentando movilizar a todos los simpatizantes y activistas, en el más claro reflejo de las llamadas grassroots campaigns.

El planteamiento es más que interesante: toda acción conlleva una reacción. Amaña un juicio a los responsables de The Pirate Bay utilizando a un juez de neutralidad probadamente nula – lo cual posiblemente acabe desencadenando la nulidad de todo el procedimiento y la necesidad de repetir el mismo – y obtén, en justa reciprocidad, un incremento del triple en el número de afiliados al partido que defiende las mismas ideas contra las que intentabas luchar. Y de premio, pasa de una situación en la que tus oponentes están metidos en un piso y escribiendo e-mails graciosos, a tenerlos sentados en el mismísmo Parlamento Europeo ejerciendo influencia y haciendo mucho ruido sobre su causa. No cabe duda: lo de la industria de la propiedad intelectual nunca ha sido precisamente la visión estratégica.

telecoms-package

Hoy se vota en el Parlamento de la Unión el llamado “Telecoms Package”, es decir, un conjunto de normas que pretenden regular el mercado de las telecomunicaciones, para permitir el control del tráfico por la red de redes, y así poder tomar medidas acerca de los usuarios que se descarguen material ilegal. Por supuesto estaremos atentos desde aquí para ver cual es el resultado de la votación. Esperamos que finalmente se imponga la cordura, y acaben defendiéndose los derechos de los productores de contenidos y los autores, que son sin duda los que con su creatividad más aportan al crecimiento de la red.

Actualización: debido a la aprobación de una enmienda (no se permitirá la intervención de las comunicaciones si no media orden judicial, como es lógico y natural) la votación del paquete se aplaza hasta la próxima legislatura (septiembre). Corregidme si me equivoco, porque las informaciones no son muy claras (como siempre cada cual dice lo que más le conviene).

Extraido de “¡Cambio Social ya!” 
http://cambiosocialya.wordpress.com/

 

detrasdescargasLa actual discusión acerca de las descargas está escondiendo, en realidad, un dilema mucho, muchísimo más complejo, que vale la pena explorar. En primer lugar, se fundamenta en una dialéctica completamente falaz, como bien comenta Julio Alonso, en la que se pretende oponer de manera burda a “los creadores de contenidos que generan cultura, puestos de trabajo y bienestar” con un “bando opuesto que son unos piratas que roban contenidos de terceros, destruyen la cultura y no generan nada bueno”. Hablamos, por tanto, de la lucha de “lo viejo contra lo nuevo”, de los “neoluditas rentistas de la propiedad intelectual del siglo pasado” que quieren seguir explotando ésta ad infinitum mediante los mismos modelos de siempre, contra los nuevos creadores: una batalla que, para su pesar, se desarrolla en un entorno en el que todos somos autores y podemos generar contenidos.

¿Quienes son los verdaderos protagonistas de esta guerra? Por un lado, los usuarios de Internet, el primer medio verdaderamente bidireccional y libre. Ni los periódicos, ni la radio, ni la televisión, ni nigún otro medio fue nunca bidireccional: se limitaba a ser un canal unidireccional en manos de una serie de personas que, apoyadas en el mismo, obtenían grandes beneficios y “controlaban” todo, desde el entretenimiento hasta la opinión de los demás. La verdadera guerra es, como dijo la ministra González-Sinde, por “controlar Internet”. Por convertirlo en un medio inofensivo, mucho más parecido a los anteriores, un medio en el que haya que tener una licencia para emitir, un control para publicar, un permiso para opinar. Y en esto juegan un papel fundamental tres poderosísimos grupos de interés íntimamente relacionados:

  1. El lobby de las telecomunicaciones: una de las industrias más poderosas del mundo, y con el detalle de ser quienes poseen las infraestructuras sobre las que se desarrolla la sociedad de la información. Su lucha es meramente económica: pretenden no ser únicamente “infraestructuras”, sino apropiarse de parte del valor de lo que circula por ellas. Para ello, pretenden eliminar una de las características más importantes de Internet, la llamada neutralidad de la red, para así poder hacer llegar sus contenidos o los de aquellas empresas que paguen por ello con mejor calidad de servicio que los de aquellos que no lo pagan. Una Internet sin neutralidad de la red dejaría de ser Internet, y pasaría a ser algo mucho más parecido a la televisión o la radio: unos cuantos canales de empresas que pagan, y un canal libre de baja calidad en el que se desarrollarían contenidos fuera del alcance del público general. Es, sin duda, la amenaza más importante para la red, muchos llevamos mucho tiempo avisándolo, y ahora la tenemos completamente encima de nuestras cabezas. Tanto, que se vota este próximo 5 de Mayo. Además, eliminar la neutralidad de la red permitiría a las empresas de telecomunicaciones convertirse en “guardianes” de la misma: bloquear sitios web sin la intervención de ningún tipo de autoridad judicial, imponer sanciones o expulsar de la red a quienes consideren que incumplen sus condiciones.
  2. El lobby de los derechos de autor: tras más de cien años controlando los canales por los que se podía acceder a sus creaciones y decidiendo qué circula por elos y qué no, la industria comercializadora de derechos de autor (ojo, no confundir con “los creadores”) pretende seguir haciendo esto mismo. Una idustria fundamentada en torno al pago por copia, que acostumbrada a la propiedad de los medios necesarios para crear estas copias, pretende ignorar el hecho de que en la sociedad de la información, todos podemos generar copias sin ninguna limitación. El problema no es que descarguemos o que copiemos, el verdadero problema es que dejan de controlar nuestros gustos y nuestras preferencias, dejan de ser quienes seleccionan y deciden. En realidad, los creadores están mejor en un entorno en el que pueden llegar más fácilmente a su público, pero se ven presos de una paradoja: si ya eres un creador consagrado, prefieres un mundo en el que otros, para llegar a donde tú estás, tengan que pasar por filtros parecidos a los que tú pasaste en su momento. Y si estás aún por consagrar, crees que la única manera es pasando por firmar sus contratos, porque como en todas las revoluciones, el modelo alternativo aún no está presente cuando el anterior cae. Por supuesto, apoyan todo lo que el lobby de las telecomunicaciones quiera hacer, porque eso les proporciona un mayor nivel de control. Y además, entran en abierta connivencia con el tercer lobby, el político, participando en campañas y tomando abiertamente partido por aquellos que defienden su modelo de negocio. El hecho de que los derechos de autor sean uno de los principales productos de exportación de países como los Estados Unidos hace que su gobierno lo defienda como solo se defiende a una de las principales industrias de un país.
  3. El lobby político: juega un importantísimo papel a la hora de otorgar y mantener las prebendas de los otros dos y las suyas propias. Hablamos de políticos acostumbrados a manejar un entorno conocido, en el que la opinión se canalizaba a través de unos pocos medios de comunicación. Ahora, ven la red con recelo, como un lugar en el que el control resulta imposible, en el que cualquiera puede hablar al volumen que sus contertulios le otorgan. Los intentos por implantar un control o una licencia para publicar en la red, como en Francia o Italia, no son en absoluto casuales: la red es un entorno en el que pocos políticos se mueven a gusto, y por eso añoran los tiempos en los que podían ejercer control simplemente levantando un teléfono y hablando con el director de periódico de turno, cuya complicidad podían además pagar mediante publicidad institucional. El partido en el poder controlaba los medios porque controlaba el presupuesto de publicidad institucional, y podía tener poder de decisión sobre la comunicación mediante los adecuados esquemas de filtraciones, entrevistas, etc. Por otro lado, el lobby político norteamericano se ve en la obligación de defender a una de sus industrias más importantes, y pretende que el resto de los países hagan lo mismo, aunque no tengan exportaciones que defender en su balanza comercial o estas sean, como en el caso de España, completamente insignificantes.

Estos son los tres poderes detrás de la oposición a algo tan natural, tan vinculad a Internet, como la posibilidad de descargar lo que a uno le venga en gana. No se trata de que nadie robe nada, ni de que unos sean “piratas” y otros “creadores”… En la sociedad en red, creadores somos todos los que tenemos acceso a la red: creamos textos, vídeos, fotos o lo que queremos crear en cada momento, para audiencias grandes o pequeñas, con total manejo de unos medios de producción antes reservados a unos pocos. Lo que estamos viviendo es, como decíamos, la lucha de “lo viejo contra lo nuevo”, y sobre todo, una fortísima ofensiva de los Estados Unidos por defender una de sus industrias principales, la exportación de propiedad intelectual. Aquí vale todo, así haya que nombrar cargos públicos en abierta connivencia con los intereses de una sola de las partescondicionar la entrada de un país en la World Trade Organization al cierre de una página web, o manipular un juicio poniendo a un juez de parcialidad abierta y demostrada. Todo vale.

Como claramente lo comentó este artículo de Expansión, el gobierno español tiene la necesidad imperiosa de mostrar que puede “controlar el problema de las descargas” antes de la visita de Joe Biden a Europa a mediados de este año. Y la pregunta es: ¿defiende el gobierno español a la cultura española o los intereses de la industria del copyrigh norteamericana? Que Estados Unidos defienda un modelo cultural determinado que claramente le favorece no quiere decir que todos los países tengamos necesariamente que apoyarlo, y menos si a nosotros no nos va tan bien porque nuestra cultura no se exporta prácticamente nada. Posiblemente, la cultura española estaría mejor defendida mediante modelos basados en fórmulas mucho más abiertas de miras, más centradas en los mecanismos que utiliza, por ejemplo, el que es cuantitativamente nuestro mejor producto de exportación, una serie de animación como Pocoyó, que nunca ha manifestado ningún problema con el hecho de que su propiedad intelectual sea utilizada por terceros para crear obras derivadas. Modelos menos restrictivos, basados en el conocimiento de la red, la viralidad y sus mecanismos, y que bien podrían aplicarse a muchos más creadores españoles si el gobierno, en vez de obcecarse con modelos caducos, intentase desarrollar un pensamiento propio en ese sentido y protagonizar un modelo revisionista de los derechos de autor más adecuado a los tiempos que corren. Pero no, es más facil insultar, calificar de “piratas” a los que hacemos cosas nuevas, y buscar culpables donde no los hay. Total, el activismo de Internet no sale de Internet, jamás llega a la calle, y sus protestas solo les llevan como mucho a romper el ratón a fuerza de darle clics cuando están muy enfadados…

Cuando veas esta discusión, no creas que estás hablando de tu derecho a bajarte cositas de la mula. Estás luchando por mantener la verdadera naturaleza de Internet como un medio abierto, libre y bidireccional. Entérate de lo que hay realmente detrás de las descargas. La cosa va mucho más allá.