laredinnovaEl próximo martes 2 de Junio a las 13:00 horas, en IE Business School, haremos la presentación del programa de LaRedInnova, el evento que se celebrará por primera en el Circo Price de Madrid los días 17 y 18 de Junio, del que ya hemos hablado anteriormente.

La presentación será en las instalaciones de Serrano 105, y pretendemos que sea una primera reunión/debate en formato completamente participativo en el que comentar qué temas tienen más interés en relación con la evolución de Internet, la innovación y las nuevas tecnologías. La idea es tener una primera toma de contacto, con preguntas y WiFi abiertas, con un evento que pretendemos que no tenga el formato habitual de conferencia unidireccional, sino en el que tomen una especial relevancia la participación, los turnos de preguntas y la conversación. Tras la reunión, seguiremos esa conversación, pero ya con un vinito español en la mano.

Se ruega confirmación, fundamentalmente para poder dimensionar tanto la sala como el cóctel, a Mario Jiménez.

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intoxicacion¿Cómo lograr que una enorme y obvia mentira sea asumida por toda una sociedad? En una conversación razonable y civilizada, nadie en su sano juicio es capaz de sostener que el actual planteamiento de los derechos de autor sea sostenible en plena era digital, o que una industria organizada en torno al concepto del número de copias no tenga que redefinirse en una época en la que las copias carecen de valor añadido porque pueden ser realizadas por absolutamente cualquiera. Sin embargo, cuando pulsamos la opinión de determinados segmentos de la sociedad, todavía encontramos personas que se sienten “obligados a colaborar” en el sostenimiento de un modelo de negocio inviable, o que sienten que de alguna manera “hacen algo malo” cuando descargan algo de la red, a pesar de que el ordenamiento jurídico español insiste de manera clara en que no es así. ¿En qué pilares se asienta lo que podríamos calificar como una de las más formidables operaciones de intoxicación informativa de nuestra época?

En primer lugar, en un habilísimo uso de los medios de comunicación. Las noticias que hablan de los derechos de autor, que hacen referencia a la “piratería”, a las supuestas “condenas” a usuarios o empresas, o que interesada y torticeramente mezclan delitos reales con descargas de materiales de la red perfectamente legales y sin ánimo de lucro mantienen una cadencia constante y machacona, y son enviadas a los medios a través de una amplia variedad de canales. Si pasa un cierto tiempo sin noticias al respecto, se utilizan sucesos anteriores (incluso con más de cinco meses de antigüedad), o directamente se genera una, como sucede con los supuestos “estudios sobre el impacto de la piratería” que periódicamente son enviados a los medios. La idea es generar un clima constante que vaya calando en la mente del ciudadano que lee un periódico o ve un telediario, y que cada muy poco tiempo recibe un bombardeo con un tono siempre manipulado en la misma dirección.

En segundo lugar, y mucho más en “modo siembra”, las actuaciones en los colegios: auténticas campañas de adoctrinamiento similares a aquella “formación del espíritu nacional”, que pretenden incidir sobre los más jóvenes machacando de manera insistente los conceptos de propiedad intelectual. Un invitado de una sociedad de gestión, a veces acompañado por algún personaje conocido del mundo del espectáculo o la canción, acude al colegio, es presentado por el profesor y, aprovechando la natural candidez infantil, desarrolla paralelismos incidiendo en todas las falacias habituales: comparación de propiedad intelectual y propiedad física, vinculación de la creación cultural con la industria dedicada a la explotación de sus derechos, planteamientos apocalípticos de “se acabará la cultura”… conceptos que no aguantarían ni cinco minutos de discusión son utilizados para deformar mentes infantiles, que tras la sesión “formativa”, o mejor, “deformativa”, acaban representando felizmente una obra de teatro.

En tercero, la mismísima judicatura: a través de cursillos de verano y seminarios diversos, los jueces reciben “instrucción” de supuestos “expertos en propiedad intelectual” con la excusa de que el rápido avance tecnológico hace precisa la actualización de sus conocimientos, para que puedan estar preparados ante las nuevas formas de delincuencia. No es preciso mencionar que absolutamente todos los ponentes de ese tipo de seminarios sostienen las mismas tesis, y tampoco es preciso explicar cuáles son éstas. En una ocasión, fui invitado por un Vocal del Consejo General del Poder Judicial y lector del blog tristemente fallecido muy poco tiempo después, a impartir una jornada en la Escuela Judicial de Verano sobre “Incidencia de las Nuevas Tecnologías en la Justicia”, específicamente dedicada a los temas relacionados con la propiedad intelectual: yo era el único de todas las jornadas con una visión abiertamente contraria a la de las sociedades de gestión de derechos de autor. Huelga decir que la experiencia no volvió a repetirse, y me consta por el feedback recibido que no fue debido a ningún tipo de insatisfacción de los asistentes. A lo largo de varios años impartiendo este tipo de cursos y seminarios, el número de jueces que han pasado por los mismos es muy elevado: en algunos países, se hace verdaderamente difícil conseguir un juez que no sea considerado abiertamente parcial en este tipo de temas.

El último punto, pero no por ello menos importante, es la labor de lobby sobre los diferentes estamentos políticos. Las sociedades de gestión de derechos y las asociaciones que representan a los intereses de la industria de los contenidos llevan a cabo un constante goteo de peticiones sobre los políticos, con los que desarrollan acciones que van desde el adoctrinamiento hasta la amenaza directa de “sacar a los famosos a la calle”. En algunos casos, estos lobbies tienen un nivel de influencia sobre el político de turno que llegan incluso a determinar la composición de comisiones o a introducir cláusulas o enmiendas en leyes que pasan directamente a la redacción final, saltándose los procedimientos parlamentarios.

¿Qué determina la evidente eficiencia de esta industria a la hora de influenciar su entorno? Fundamentalmente, su nivel de organización. Toda una infraestructura de recursos bien pagados puesta al servicio “de la causa”, de un conjunto de intereses de un grupo pequeño de empresas que, siendo sobre el papel competidores, han vivido muchísimos años en un mercado que no es tal mercado, en el que fijan precios y se reparten ingresos con total impunidad sin que ningún tipo de legislación les toque un pelo de la ropa. Viven literalmente al margen de unas leyes que retuercen y redefinen a su antojo. Al otro lado, una masa de personas que simplemente dedica a la defensa de sus intereses los llamados “ciclos ociosos“: su tiempo libre. En el típico juicio de la RIAA norteamericano se enfrenta normalmente unos abogados carísimos por el lado de la acusación, y uno con mucha menos experiencia, mal pagado o actuando pro-bono por el lado de la defensa, que como mucho en ocasiones cuenta con la asesoría de algún académico brillante o de algunas organizaciones como la Electronic Frontier Foundation (EFF). Al final, la estrategia de intoxicación masiva se mantiene por una razón evidente: funciona. Y es capaz de prolongar, incluso, la mismísima sinrazón.

delacroix-eugene-la-liberte-guidant-le-peupleAyer se consumó el liberticidio: Francia ya no es un país democrático. Si vives en ese país, careces de derechos tan básicos como el secreto de las telecomunicaciones: el que te proporciona la conexión a la red, puede además curiosear en ella para asegurarse que la información a la que accedes esté permitida por el “Ministerio de la Verdad”, puede abrir tus cartas para ver si dices tacos. Y de ser así, puede condenarte al ostracismo digital, a penas de entre dos meses y un año de desconexión. Eso sí, mientras sigues pagando religiosamente una factura convertida en multa, que si no, las empresas de telecomunicaciones se le enfadaban por el descenso de los ingresos.

El ejercicio de ingeniería político-económica diseñado por Nicolas Sarkozy es tan sumamente alambicado, tan burdo y tan inútil, que provoca auténtico asco. Han tenido que amenazar, que conminar a sus propios parlamentarios para que acudiesen y votasen en el sentido de lo dictado por su partido, para que no se escondiesen tras los cortinones. Han tenido que ignorar la evidencia de un Parlamento Europeo que se opone a las mismas medidas que hoy Francia aprueba, por considerarlas una amenaza a las libertades más básicas de la persona. Ver a unos políticos que se supone deben servir al pueblo que los votó, haciendo el caldo gordo a las empresas de telecomunicaciones y de propiedad intelectual, para que éstas puedan intentar exhibir el recurso del miedo y evitar que los consumidores abandonen el edificio que se resquebraja, que se derrumba. Un recurso al miedo, al “a la tercera te corto la conexión”, que se transforma en advertencia de cura preconciliar, en el equivalente postmoderno de aquel “te vas a quedar ciego” o “te va a salir pelo en las palmas de la manos”, mientras el sistema hace aguas por los cuatro costados.

Lo más sencillo es lo más obvio: HADOPI irá primero a por lo gordo, a por el volumen, a por aquellos que, presas del coleccionismo, descargan a todas horas mucho más de lo que racionalmente pueden llegar a consumir. Algunos de esos sufrirán los primeros golpes, que serán aireados por los medios como si fuesen triunfos del sistema. En paralelo, irán popularizándose medios para evitar la vigilancia y la monitorización: sistemas de cifrado robustos, métodos para sustituir descargas por streaming directo desde ficheros .torrent, para moverse por VPNs y por los túneles subterráneos de nuestra ciudad digital sitiada… La red, como siempre, reacciona a todo bloqueo aislándolo, enquistándolo, convirtiéndolo en irrelevante, en patético y ridículo intento de oponerse al progreso, a lo inevitable.

HADOPI ha dejado de ser una amenaza, y ha pasado a ser un desafío. Veremos cuanto tarda en caer. Viva la Résistance!

 

detrasdescargasLa actual discusión acerca de las descargas está escondiendo, en realidad, un dilema mucho, muchísimo más complejo, que vale la pena explorar. En primer lugar, se fundamenta en una dialéctica completamente falaz, como bien comenta Julio Alonso, en la que se pretende oponer de manera burda a “los creadores de contenidos que generan cultura, puestos de trabajo y bienestar” con un “bando opuesto que son unos piratas que roban contenidos de terceros, destruyen la cultura y no generan nada bueno”. Hablamos, por tanto, de la lucha de “lo viejo contra lo nuevo”, de los “neoluditas rentistas de la propiedad intelectual del siglo pasado” que quieren seguir explotando ésta ad infinitum mediante los mismos modelos de siempre, contra los nuevos creadores: una batalla que, para su pesar, se desarrolla en un entorno en el que todos somos autores y podemos generar contenidos.

¿Quienes son los verdaderos protagonistas de esta guerra? Por un lado, los usuarios de Internet, el primer medio verdaderamente bidireccional y libre. Ni los periódicos, ni la radio, ni la televisión, ni nigún otro medio fue nunca bidireccional: se limitaba a ser un canal unidireccional en manos de una serie de personas que, apoyadas en el mismo, obtenían grandes beneficios y “controlaban” todo, desde el entretenimiento hasta la opinión de los demás. La verdadera guerra es, como dijo la ministra González-Sinde, por “controlar Internet”. Por convertirlo en un medio inofensivo, mucho más parecido a los anteriores, un medio en el que haya que tener una licencia para emitir, un control para publicar, un permiso para opinar. Y en esto juegan un papel fundamental tres poderosísimos grupos de interés íntimamente relacionados:

  1. El lobby de las telecomunicaciones: una de las industrias más poderosas del mundo, y con el detalle de ser quienes poseen las infraestructuras sobre las que se desarrolla la sociedad de la información. Su lucha es meramente económica: pretenden no ser únicamente “infraestructuras”, sino apropiarse de parte del valor de lo que circula por ellas. Para ello, pretenden eliminar una de las características más importantes de Internet, la llamada neutralidad de la red, para así poder hacer llegar sus contenidos o los de aquellas empresas que paguen por ello con mejor calidad de servicio que los de aquellos que no lo pagan. Una Internet sin neutralidad de la red dejaría de ser Internet, y pasaría a ser algo mucho más parecido a la televisión o la radio: unos cuantos canales de empresas que pagan, y un canal libre de baja calidad en el que se desarrollarían contenidos fuera del alcance del público general. Es, sin duda, la amenaza más importante para la red, muchos llevamos mucho tiempo avisándolo, y ahora la tenemos completamente encima de nuestras cabezas. Tanto, que se vota este próximo 5 de Mayo. Además, eliminar la neutralidad de la red permitiría a las empresas de telecomunicaciones convertirse en “guardianes” de la misma: bloquear sitios web sin la intervención de ningún tipo de autoridad judicial, imponer sanciones o expulsar de la red a quienes consideren que incumplen sus condiciones.
  2. El lobby de los derechos de autor: tras más de cien años controlando los canales por los que se podía acceder a sus creaciones y decidiendo qué circula por elos y qué no, la industria comercializadora de derechos de autor (ojo, no confundir con “los creadores”) pretende seguir haciendo esto mismo. Una idustria fundamentada en torno al pago por copia, que acostumbrada a la propiedad de los medios necesarios para crear estas copias, pretende ignorar el hecho de que en la sociedad de la información, todos podemos generar copias sin ninguna limitación. El problema no es que descarguemos o que copiemos, el verdadero problema es que dejan de controlar nuestros gustos y nuestras preferencias, dejan de ser quienes seleccionan y deciden. En realidad, los creadores están mejor en un entorno en el que pueden llegar más fácilmente a su público, pero se ven presos de una paradoja: si ya eres un creador consagrado, prefieres un mundo en el que otros, para llegar a donde tú estás, tengan que pasar por filtros parecidos a los que tú pasaste en su momento. Y si estás aún por consagrar, crees que la única manera es pasando por firmar sus contratos, porque como en todas las revoluciones, el modelo alternativo aún no está presente cuando el anterior cae. Por supuesto, apoyan todo lo que el lobby de las telecomunicaciones quiera hacer, porque eso les proporciona un mayor nivel de control. Y además, entran en abierta connivencia con el tercer lobby, el político, participando en campañas y tomando abiertamente partido por aquellos que defienden su modelo de negocio. El hecho de que los derechos de autor sean uno de los principales productos de exportación de países como los Estados Unidos hace que su gobierno lo defienda como solo se defiende a una de las principales industrias de un país.
  3. El lobby político: juega un importantísimo papel a la hora de otorgar y mantener las prebendas de los otros dos y las suyas propias. Hablamos de políticos acostumbrados a manejar un entorno conocido, en el que la opinión se canalizaba a través de unos pocos medios de comunicación. Ahora, ven la red con recelo, como un lugar en el que el control resulta imposible, en el que cualquiera puede hablar al volumen que sus contertulios le otorgan. Los intentos por implantar un control o una licencia para publicar en la red, como en Francia o Italia, no son en absoluto casuales: la red es un entorno en el que pocos políticos se mueven a gusto, y por eso añoran los tiempos en los que podían ejercer control simplemente levantando un teléfono y hablando con el director de periódico de turno, cuya complicidad podían además pagar mediante publicidad institucional. El partido en el poder controlaba los medios porque controlaba el presupuesto de publicidad institucional, y podía tener poder de decisión sobre la comunicación mediante los adecuados esquemas de filtraciones, entrevistas, etc. Por otro lado, el lobby político norteamericano se ve en la obligación de defender a una de sus industrias más importantes, y pretende que el resto de los países hagan lo mismo, aunque no tengan exportaciones que defender en su balanza comercial o estas sean, como en el caso de España, completamente insignificantes.

Estos son los tres poderes detrás de la oposición a algo tan natural, tan vinculad a Internet, como la posibilidad de descargar lo que a uno le venga en gana. No se trata de que nadie robe nada, ni de que unos sean “piratas” y otros “creadores”… En la sociedad en red, creadores somos todos los que tenemos acceso a la red: creamos textos, vídeos, fotos o lo que queremos crear en cada momento, para audiencias grandes o pequeñas, con total manejo de unos medios de producción antes reservados a unos pocos. Lo que estamos viviendo es, como decíamos, la lucha de “lo viejo contra lo nuevo”, y sobre todo, una fortísima ofensiva de los Estados Unidos por defender una de sus industrias principales, la exportación de propiedad intelectual. Aquí vale todo, así haya que nombrar cargos públicos en abierta connivencia con los intereses de una sola de las partescondicionar la entrada de un país en la World Trade Organization al cierre de una página web, o manipular un juicio poniendo a un juez de parcialidad abierta y demostrada. Todo vale.

Como claramente lo comentó este artículo de Expansión, el gobierno español tiene la necesidad imperiosa de mostrar que puede “controlar el problema de las descargas” antes de la visita de Joe Biden a Europa a mediados de este año. Y la pregunta es: ¿defiende el gobierno español a la cultura española o los intereses de la industria del copyrigh norteamericana? Que Estados Unidos defienda un modelo cultural determinado que claramente le favorece no quiere decir que todos los países tengamos necesariamente que apoyarlo, y menos si a nosotros no nos va tan bien porque nuestra cultura no se exporta prácticamente nada. Posiblemente, la cultura española estaría mejor defendida mediante modelos basados en fórmulas mucho más abiertas de miras, más centradas en los mecanismos que utiliza, por ejemplo, el que es cuantitativamente nuestro mejor producto de exportación, una serie de animación como Pocoyó, que nunca ha manifestado ningún problema con el hecho de que su propiedad intelectual sea utilizada por terceros para crear obras derivadas. Modelos menos restrictivos, basados en el conocimiento de la red, la viralidad y sus mecanismos, y que bien podrían aplicarse a muchos más creadores españoles si el gobierno, en vez de obcecarse con modelos caducos, intentase desarrollar un pensamiento propio en ese sentido y protagonizar un modelo revisionista de los derechos de autor más adecuado a los tiempos que corren. Pero no, es más facil insultar, calificar de “piratas” a los que hacemos cosas nuevas, y buscar culpables donde no los hay. Total, el activismo de Internet no sale de Internet, jamás llega a la calle, y sus protestas solo les llevan como mucho a romper el ratón a fuerza de darle clics cuando están muy enfadados…

Cuando veas esta discusión, no creas que estás hablando de tu derecho a bajarte cositas de la mula. Estás luchando por mantener la verdadera naturaleza de Internet como un medio abierto, libre y bidireccional. Entérate de lo que hay realmente detrás de las descargas. La cosa va mucho más allá.

 

captain-copyrightCuando las cosas están basadas en leyes absurdas y antinaturales, se vuelven sumamente complicadas. Que se lo digan al Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que en su intento por defender a la industria de los contenidos de su país, utiliza habitualmente como regalo para otros mandatarios extranjeros productos de dicha industria, conocida precisamente por hacer esta práctica notablemente difícil.

Así, la primera hazaña del Presidente fue ni más ni menos que regalar al Primer Ministro británico, Gordon Brown, un estuche con veinticinco películas clásicas americanas en DVD… codificado para la región 1, es decir, que el Primer Ministro no podría ver en el reproductor de DVD de su casa sin ponerse a romper previamente la protección geográfica (nada que sea imposible de hacer, por supuesto, pero que parece una forma poco adecuada de tratar un regalo diplomático 🙂

Pero si el primer regalo del Presidente Obama pretendía convertir al Primer Ministro británico en un supuesto delincuente contra la propiedad intelectual, con el segundo se ha superado decididamente: ha convertido en delincuente a la Reina de Inglaterra. Efectivamente, el regalo de los Obama a Her Majesty the Queen ha consistido ni más ni menos que en un iPod cargado con música y vídeo, algo que, según los abogados consultados, los convierte a ambos en delincuentes: dado que los productos adquiridos por una persona no son “poseídos” sino únicamente “licenciados”, el comprador no tiene derecho a venderlos o regalarlos posteriormente. Toda forma de redistribución está terminantemente prohibida.

La mejor demostración de que las leyes son absurdas viene cuando se comprueba que son imposibles de cumplir. En algún momento los políticos dejarán de defender pseudoderechos abusivos y absurdos inventados hace menos de cien años, y recuperarán el sentido común. Los consumidores ya lo hemos hecho.

 

Tras ser objeto de una cierta polémica durante la semana pasada, está ya finalmente disponible el texto del Open Cloud Manifesto, una iniciativa de varias empresas entre las que destacan IBM, Sun Microsystems, Cisco, Novell, Red Hat, EMC y varias más (entre otras la española Telefonica), para definir lo que serán las reglas de juego de las iniciativas de Cloud Computing que estamos ya viendo y que se generalizarán como el nuevo esquema computacional característico de los tiempos en que vivimos.

La polémica se desató la semana pasada a partir de una entrada de Steven Martin, de Microsoft, en las que atacaba la iniciativa y la tildaba de secretista y de oscura.  Steven afirmaba que lo que había que hacer era poner el documento en un wiki y discutirlo abiertamente, y que la cuestión de los estándares precisaba una discusión larga hasta que el proceso se solidificase. El recurso a este tipo de técnicas no es nuevo en la estrategia de Microsoft: reclamar el desarrollo de un proceso supuestamente abierto en el que poder intervenir, para poder llegar a posiciones de fijación de estándares ventajosas mediante la saturación del proceso con “votos amigos” y estandarizaciones de facto. En realidad, el Open Cloud Manifesto es un documento enormemente generalista y abierto, que pretende sentar definiciones y bases de funcionamiento de cara al futuro, y en ese sentido resulta de lo más recomendable revisar cada una de sus seis páginas.

Junto con ese reciente vídeo de Salesforce.com, el Open Cloud Manifesto es una manera interesante de visualizar los futuros escenarios en los que empresas y particulares desarrollaremos nuestra actividad en los próximos años, lejos ya de la visión ordenador-céntrica propia del siglo pasado. Sin perder de vista los peligros y limitaciones, pero con la mentalidad clara acerca de dónde vamos: un mundo caracterizado por la escalabilidad, el adelgazamiento del datacenter corporativo, la mejora de los procesos de negocio y la reducción de costes para las compañías que inician sus actividades. El documento define las seis principales barreras y desafíos a tener en cuenta de cara a la adopción: la seguridad, la interoperabilidad de datos y aplicaciones, la portabilidad basada en estándares, la gestión y gobernanza de las iniciativas, y la medición y monitorización de los sistemas. Los objetivos propuestos, por tanto, son la libertad de elección de proveedor y arquitectura, la flexibilidad basada en interoperabilidad, la velocidad y agilidad para el cambio y el redimensionamiento, y la disponibilidad de profesionales formados en un conjunto menor de tecnologías.

Para lograr los objetivos, los firmantes del Open Cloud Manifesto ratifican seis principios:

  1. Trabajar juntos para que los retos fundamentales en la adopción sean solucionados mediante colaboración abierta y el uso adecuado de los estándares
  2. No utilizar su posición de mercado para convertir a sus clientes en cautivos de una plataforma concreta  y limitar su libertad de elección
  3. Usar y adoptar los estándares existentes siempre que sea posible, para evitar así reinventarlos o duplicarlos
  4. Recurrir con prudencia a la creación de nuevos estándares, y cuando así sea por necesidad, hacerlo con pragmatismo, reduciendo el número de estándares necesarios, y asegurando que éstos promueven la innovación en lugar de inhibirla
  5. Llevar a cabo iniciativas en función de las necesidades del cliente, no de las necesidades técnicas de los proveedores
  6. Trabajo conjunto y coordinado de todos los actores implicados para evitar que sus iniciativas entren en conflicto o se solapen.

De cara a ver el establecimiento definitivo de esta serie de principios generales, falta por ver cuál es la posición que adoptan algunos de los actores principales al respecto: entre otros, faltan por definirse tres actores importantes y muy activos: Google, Amazon y Salesforce, con iniciativas muy importantes dentro del Cloud Computing a día de hoy. En cualquier caso, el desarrollo de este proceso normativo es importante, y a pesar de toda la parte política involucrada en el tema, parece intentar aprender claramente de los errores del pasado. Veremos como se sigue desarrollando.