Santiago Cervera

Donen Rike debe estar en una orgía de onanismo egocéntrico después de comprobar que el diputado por el PP Santiago Cervera, ha bajado a la arena blogueril para rebatir los infantiles argumentos que Dans ofrecía en su entrada titulada “El PP y los dos rombos”. Hasta ahora, la respuesta de Dans es el silencio (viva el diálogo 2.0). No sabemos si no contesta porque no sabe como, o porque espera ordenes que le ayuden a salir del espantoso ridículo en el que ha quedado tras la contestación.

A la habitual parrafada 2.0 de Dans, que reproducimos a continuación, Cervera contestó en el propio blog con el comentario que también ofrecemos más abajo:

Tres diputados del Partido Popular, en un injustificado alarde de mezclar churras con merinas y de tecnofobia, incluyen una ridícula propuesta para poner dos rombos a las redes sociales dentro de un bloque de iniciativas que plantean reformas legales y el desarrollo de un Plan Integral contra la violencia en los menores.

La iniciativa parte de tres diputados que demuestran su escaso conocimiento del fenómeno de las redes sociales, y que ponen a su partido en la incómoda posición de tener que rectificar una propuesta que, de haber recibido la adecuada supervisión, nunca debería haber llegado a trámite parlamentario. En pleno siglo XXI, andar por el mundo pretendiendo que las redes sociales son peligrosas, queriendo prohibir la entrada de los menores en ellas sin consentimiento paterno o, como se intentó matizar posteriormente, recomendando el conocimiento de los padres como quien habla de una película pornográfica o de la entrada a un club nocturno demuestra un nivel de analfabetismo tecnológico y de incomprensión del fenómeno tan grande, que el partido en su conjunto debería plantearse las adecuadas acciones correctoras en forma de plan de formación.

Como bien se apresuraron a comentar desde otros partidos y desde dentro del mismo Partido Popular, las redes sociales son hoy en día una forma fundamental de relación y de expresión social tanto para menores como para mayores de edad, y los pretendidos “peligros” que se les achacan deberían justificar únicamente la necesidad de adquirir formación y soltura en su uso, nunca la prohibición o la restricción del mismo.

Y el comentario de Cervera Soto fue:

Soy uno de esos tres diputados, y quisiera aclarar lo ocurrido el jueves. Estábamos citados una docena de personas para una reunión de trabajo en relación con la protección del menor y la prevención de la delincuencia (activa o pasiva) en esas edades. El trabajo era complejo, porque pretendemos proponer una amplia reforma legislativa en áreas como el derecho penal del menor y el derecho civil, pero también un conjunto de medidas más amplias, educativas e incluso de prevención y rehabilitación. Nada del “parole-parole” habitual en política, lo nuestro intenta ser una labor concienzuda y bien trazada.
Entre los cientos de papeles que trabajamos, había uno que contenía propuestas en el ámbito de Internet y las redes sociales. Era un borrador, que en mi ejemplar tenía innumerables tachones en rojo, por considerar algunas propuestas inasumibles. Tras la reunión hubo una rueda de prensa, hacia las 12:30. Sufrimos cierta premura, y escaso tiempo para sistematizarla, ya que el trabajo previo nos había ocupado hasta ese mismo momento. Quien se refirió al tema de las redes sociales en la comparecencia, Alfonso Alonso, tomó el papel borrador como conclusión definitiva, en un error que cualquiera hubiera podido cometer. Alfonso lleva fundamentalmente temas educativos, así como yo me ocupo de los sociales y Arturo García Tizón, el tercero en discordia, es un experto en derecho penal y civil. Metimos la pata, tal cual, y tal cual hay que reconocerlo. Dimos como asumible una propuesta que no habíamos reflexionado suficientemente, y que no representa el sentir de nuestro Grupo. Intentamos corregir la información mediante una nota posterior, pero ya era tarde. Queda claro que es una idea que no vamos a proponer, y que lamento que haya acaparado tanto interés porque finalmente no pensamos sustanciarla.
[Me llamas tecnófobo, Dans. Es la primera vez que me pasa. Yo, que uso en el despacho un PC (navego con Chrome) y en casa un Mac (entonces opto por Camino); me empleo con interés en Twitter y Facebook, algo menos en LinkedIn; llevo siempre en el bolsillo un iPhone y una BlackBerry, aunque envidio el Android que usa mi mujer; dispongo de dominios .es y .tel; usaba un Zune hasta que me lo robaron (del mismísimo despacho del Congreso); he hackeado un AppleTV y el wi-fi casero me lo proporciona un Time Capsule; mientras escribo esto escucho Spotify; cuando salgo a correr monitorizo mi performance con un GPS; estoy montando un videoblog, para lo cual ya dispongo de la Sony Webbie; quiero que González Sinde se pire y jamás aceptaré que en España se siga el modelo francés de lucha contra la piratería… En fin, que mi problema –si existe- es el contrario de la tecnofobia. Aunque pensándolo bien, tal vez me lo haga mirar un poco.]
De nuevo en serio: lamento mucho lo ocurrido. Todos los lamentamos, el propio Alfonso y nuestra portavoz Soraya. Lo lamento por el confusionismo que hemos creado, y por el problema reputacional que hemos endosado a tantos compañeros del PP que hacen diariamente patente que las nuevas tecnología y las redes sociales son para nosotros un elemento imprescindible de fortalecimiento civil. Espero que el tema quede aclarado. Metimos la pata, y así lo reconocemos. Con la benevolencia 2.0 de todos, intentamos sacarla y que no se repita.

Como siempre, Dans intentaba apoyarse en los únicos argumentos que suele manejar para ir en contra de los diputados del PP (que si son unos tecnófobos, que si no tienen ni idea de Internet, que si son unos hijos de puta con mucho tiempo libre…). Pero el pertinente comentario del diputado pone en evidencia que Dans en la mayoría de los casos habla sin conocimiento de causa, y tira la piedra escondiendo la mano.

Hasta ahora, Enriquito da la callada por respuesta. Veremos en que queda todo esto.