hamburgerReunidos en Hamburgo el pasado 26 de Junio, un nutrido grupo de editores de prensa decidió iniciar la guerra contra Internet publicando la llamada “Declaración de Hamburgo“: con frases como “el acceso universal a nuestras páginas web no implica necesariamente acceso gratuito”, “no queremos ser obligados a  entregar nuestra propiedad sin haber concedido permiso” o “muchos se están aprovechando del trabajo de autores y editores sin pagar por ello”, la prensa decide reclamar su derecho a hundirse por el mismo camino y con las mismas formas que otras industrias como las discográficas, repitiendo incluso los mismos errores cometidos por éstas. La prensa pretende incluso imponer su propio DRM, denominado en este caso ACAP, con el que supuestamente “proteger” sus contenidos de la “voracidad” de terceros.

Los editores son la enésima industria que, descontenta con los cambios que Internet trae consigo, pretende cambiar las reglas de Internet a su antojo reclamando la protección de las leyes, el desarrollo de un nuevo marco legal a su medida. Quieren ser “más iguales que otros”: que los motores de búsqueda los tengan que indexar de manera privilegiada, o que su contenido no pueda ser reutilizado o incluso vinculado sin su permiso y sin el preceptivo pago. Ante la crisis, en lugar de intentar cambiar nosotros para adaptarnos al entorno, intentemos tozudamente que sea el entorno el que cambie para adaptarse a nosotros. Porque nosotros lo valemos. LaDeclaración de Hamburgo es lo más parecido a un suicidio colectivo que he podido ver en mucho tiempo: en lugar de Declaración de Hamburgo, deberían haberla llamado “La colina de la hamburguesa“.

¿Qué es lo que realmente pretenden los editores? Simplemente, que cualquiera que pretenda hacer algo más que leer su información, deba pasar por su control. Quieren poder definir el uso que terceros dan a su información, definirlo con sus propios metadatos en dicha información, y obligar a los motores de búsqueda a que acepten esos metadatos, en lugar de utilizar las reglas y sistemas de control que éstos ya tienen. En algunos casos, pretenden cobrar por la utilización de citas a partir de un numero de palabras determinado, controlar la reutilización de sus noticias en agregadores y filtros sociales, o incluso “regular” el uso de algo tan propio de la naturaleza de Internet como los vínculos. Resulta tristemente paradójico: mientras los que saben de la red buscan a toda costa incrementar el número de enlaces entrantes, los editores van a pretender “regularlos”. Pretenden ser los “propietarios de las noticias”, como si las noticias pudieran tener un propietario en lugar de ser simplemente cosas que pasan y que cualquiera puede contar. Terminarán queriendo cobrarnos por comentar las noticias a la hora del café.

A vuelta de verano empezaremos a vivir, uno detrás de otro, diferentes episodios en la batalla de los medios por obtener “privilegios” en Internet, por conseguir “ser más iguales que otros”. Veremos ataques contra Google News, posiblemente contra agregadores como Digg o Menéame, y tal vez incluso contra blogs que comentan o vinculan noticias aparecidas en la prensa. Intentos de los editores de protegerse de sus propios fantasmas, invocando una legislación de propiedad intelectual que necesita urgentemente ser redefinida, porque ha perdido todo su sentido en la era digital. Internet no tendría porqué suponer el fin del periodismo. Solo el de aquel periodismo que se niegue a adaptarse a Internet.