examenMe envía Juan, de Blogoff, una noticia acerca de los estudiantes daneses, que podrán utilizar Internet en sus exámenes, y la verdad es que me resulta un tema muy interesante porque llevo ya bastante tiempo haciéndolo así, y lo estimaba algo mucho más habitual. Obviamente, mi experiencia no es completamente homologable porque yo lo tengo mucho más fácil al trabajar con personas adultas y con actitudes de enorme automotivación hacia lo que hacen en clase, pero llevo más de tres años haciendo eso mismo: solicito a mis alumnos que lleven su portátil a clase – la práctica totalidad de los estudiantes en IE Business School tienen un portátil, y en ocasiones, si tienen problemas en ese momento o no pueden acceder a uno, recurro a una o dos máquinas del parque de préstamos del Departamento de Informática – y les permito utilizarlos durante el examen. A tal efecto, abro una cuenta de correo en Gmail con una dirección propia para ese grupo, le pongo un auto-reply de comprobación, le retiro los snippets de texto y las noticias sugeridas,  la proyecto en clase, y pido a los alumnos que envíen a ella sus exámenes.

El resultado, ya con más de tres años de perspectiva, es sumamente positivo. En algunas clases se discute a qué recursos pueden o no pueden acceder durante el examen: lo normal es que os propios alumnos convengan en utilizar cualquier recurso, excepto comunicación con terceros, es decir: no páginas dechat, no GTalks o Messengers, no Skype, etc., algo que puede controlarse sin demasiada dificultad. Mi idea, sin embargo, es acabar permitiendo incluso ese tipo de usos: el conocimiento de las personas es un recurso más, y se trata de aprender a gestionar el tiempo y el esfuerzo que cada uno está dispuesto a invertir en interactuar con terceros.

Obviamente, la clave está en el tipo de examen: se trata de solicitar a los alumnos que tomen decisiones y emitan juicios de valor personales, de solicitar conceptos rodeados de una argumentación coherente. Por supuesto, se les pide que identifiquen las fuentes utilizadas, lo que en cualquier caso se comprueba posteriormente mediante el uso de Turnitin. En la mayor parte de los casos, los exámenes, como los casos utilizados en clase, simplemente no tienen solución: los conceptos que el alumno afirma o niega “se sostienen si tienen patas”, es decir, si la argumentación y el análisis utilizados son adecuados. Es ahí, y no en la mera “captura” de información donde se evalúa la competencia de un alumno, al que ponemos en una situación completamente natural: la de tener que tomar una decisión o emitir una opinión en un tiempo restringido, pero pudiendo acceder a las fuentes a las que podría acceder en su vida real desde una empresa.

¿Consejos? Gestionar bien el ancho de banda: no es lo mismo un aula con WiFi, que un aula desde la que treinta o cuarenta alumnos intentan acceder con prisa a los mismos recursos. Igualmente, puede ser recomendable utilizar un proxy y monitorizarlo en caso de dudas, lo que incluye por tanto solicitar a los alumnos que no utilicen conexiones externas (modems 3G, etc.) En el examen, se recomienda proveer unos cuantos enlaces iniciales – mi experiencia es que el examen acaba teniendo un formato parecido al de una entrada en un blog – y hacer preguntas relativamente concretas, pero que pueden contestarse bien una a una, o bien de forma menos estructurada si el alumno lo prefiere. Yo suelo utilizar una extensión recomendada de dos hojas para una hora y media de examen, y pedir a los alumnos que salvo que utilicen diagramas o esquemas, se limiten a entregar el examen en el cuerpo de texto de un mensaje de correo, en lugar de utilizar ficheros adjuntos que dificultan mi tarea posterior de corrección.

Mi experiencia con este tema, repito, seguramente no homologable a otros contextos y tipos de enseñanza, ha sido verdaderamente buena: los alumnos no suelen quejarse en absoluto, y normalmente perciben la experiencia como algo positivo. En alguna ocasión he experiementado también otra modalidad: en examen en vivo. Un invitado acude a clase, da una charla de quince minutos en la que situa un contexto, y pide tres consejos a la clase, que tiene a partir de ese momento una sesión de preguntas y respuestas de unos diez minutos, y una hora más para responderlas, con cualquier recurso que la red ponga a su alcance. No es especialmente sencillo de organizar, pero las evaluaciones de los alumnos han sido en este tipo de casos todavía mejores.

¿Otras experiencias en este sentido? Las noticias de Dinamarca me han resultado interesantes, pero estoy completamente seguro de que ese tipo de cosas son algo que, por pura lógica y sentido común, más gente lleva tiempo haciendo…