penniesGottfrid Svartholm, Anakata, el cáustico fundador de The Pirate Bay conocido por sus e-mails de respuesta a las reclamaciones de sociedades gestoras de derechos de autor y de otras compañías, ha diseñado una fórmula para ingresar parte de esa multa de treinta millones de coronas suecas impuesta por el tribunal vergonzosamente imparcial que les juzgó y que afirmaron que nunca pagarían: la idea es llevar a cabo un ataque distribuido de denegación de servicio consistente en que miles de personas realicen un micropago extremadamente pequeño al bufete de abogados que representa a la IFPI, la parte acusadora, Danowsky & Partners.

La idea emula esos pagos depositados en moneda fraccionaria que colapsan los servicio de cobro y que se han usado, por ejemplo, para protestar contra el pago de determinados peajes en autopistas o contra las subidas de precios en servicios como el autobús, pero en el mundo digital: un pago de una corona (unos nueve céntimos de euro) depositado a través del sevicio de pago que utiliza el bufete en cuestión tiene un coste de procesamiento de dos coronas que empieza a aplicarse tras las primeras mil transacciones, lo que haría que cada donación a partir de las primeras mil costase, en realidad, una corona al bufete. Una corona que, además, podría reclamarse después como transacción errónea, obligando al bufete a incurrir en costes adicionales debidos a la devolución. Dado que el bufete, además, procesa sus pagos de forma manual, el sistema podría suponer de manera efectiva una saturación de su estructura administrativa: el precio que hay que pagar por oponerse al avance de la tecnología, por amañar juicios y por defender a quien pretende ir en contra de la voluntad popular.

Que no falte el ingenio.

Es cierto, señor Dans, a los ladrones y delincuentes nunca les ha faltado ingenio, desafortunadamente. Ni en España ni en ningún sitio.