piratbyranEl Partido Pirata se convierte en la tercera fuerza política en Suecia, tras triplicar su número de miembros en solo tres semanas como reacción fundamentalmente a la publicación del veredicto de The Pirate Bay. Con 44.000 afiliados y creciendo a un ritmo muy rápido, el Piratbyrån ha sobrepasado ya a los liberales del Centerpartiet y amenaza la segunda posición de los conservadores del Moderata samlingspartiet, mientras la primera posición en número de afiliados sigue correspondiendo al Sveriges socialdemokratiska arbetareparti, los socialdemócratas, el partido más antiguo del país fundado en 1889 y que cuenta con unos 120.000 afiliados.

El Piratbyrån defiende la reducción del copyright para que éste cubra únicamente el ámbito de las transacciones comerciales, eliminando por tanto la incriminación de ciudadanos comunes por algo que pueden hacer desde sus casas y que, como todos sabemos, no puede ser perseguido sin violar derechos humanos como la confidencialidad de las comunicaciones. Según este principio, los agregadores de torrents se reducen al papel de un mensajero, una figura que, en democracia, siempre ha estado dotada de inmunidad con respecto al contenido de los mensajes que porta.

Con las elecciones al Parlamento Europeo a la vuelta de la esquina, la cosa tiene su evidente importancia: según su líder, Rick Falkvinge, el partido ha pasado de contar con un escaño testimonial, a plantearse que puede conseguir varios puestos parlamentarios (Suecia cuenta con 19 escaños en el Parlamento Europeo), y trabajar desde allí en un entorno en el que tradicionalmente la influencia ha correspondido a los poderosos lobbies de la industria. De cara a las elecciones que se celebrarán entre el 4 y el 7 de Junio, los retos del Partido Pirata son ahora el conseguir que las papeletas lleguen a todos los colegios electorales (en Suecia, la logística de distribución de las papeletas corresponde a cada partido) y que la conversión de esos afiliados a votantes siga las métricas habituales en el país escandinavo. ¿Cómo responder a estos retos? Lógicamente, intentando movilizar a todos los simpatizantes y activistas, en el más claro reflejo de las llamadas grassroots campaigns.

El planteamiento es más que interesante: toda acción conlleva una reacción. Amaña un juicio a los responsables de The Pirate Bay utilizando a un juez de neutralidad probadamente nula – lo cual posiblemente acabe desencadenando la nulidad de todo el procedimiento y la necesidad de repetir el mismo – y obtén, en justa reciprocidad, un incremento del triple en el número de afiliados al partido que defiende las mismas ideas contra las que intentabas luchar. Y de premio, pasa de una situación en la que tus oponentes están metidos en un piso y escribiendo e-mails graciosos, a tenerlos sentados en el mismísmo Parlamento Europeo ejerciendo influencia y haciendo mucho ruido sobre su causa. No cabe duda: lo de la industria de la propiedad intelectual nunca ha sido precisamente la visión estratégica.