kindlenewspapersAnte la presentación del nuevo Kindle DX, el Kindle de pantalla extragrande, muchos se están preguntando hasta qué punto elgadget en cuestión supone una auténtica tabla de salvación para los periódicos, que llevan tiempo envueltos en una crisis de la que ya hemos hablado profusamente. Y es que en efecto, el lanzamiento del Kindle DX, dotado de una pantalla dos veces y media mayor que la del Kindle convencional y que estará disponible en Estados Unidos este verano, ha hecho bastante hincapié en aspectos relacionados no tanto con la lectura de libros, como de publicaciones periódicas y libros de texto. De cara al comienzo de las pruebas operativas este verano, Amazon ha cerrado acuerdos con tres de los más prestigiosos periódicos de la costa Este de los Estados Unidos, New York Times, Washington Post y Boston Globe, que pondrán sus ediciones diarias a disposición de aquellos lectores que no vivan en zonas donde el periódico tiene distribución física local. Para los libros de texto, el acuerdo con el que Amazon explorará el mercado abarca a tres de las principales editoras, cubriendo un 60% del mercado, y la prueba piloto se desarrollará en las universidades de Arizona State, Princeton, Reed, University of Virginia y Case Western Reserve.

La cuestión siguiente, claro está, es elucubrar hasta qué punto la crisis de los periódicos tiene que ver de manera exclusiva con un cambio de soporte, con el paso de papel a pantalla, un tema que me apasiona y que, de hecho, constituyó en su momento una arte de mi tesis doctoral: ¿solucionará la prensa su problema de pérdida de circulación, lectores, influencia e ingresos publicitarios por pasar a ser leída en un dispositivo electrónico, y quitarse de encima los costes derivados de la impresión en papel? ¿Puede un dispositivo como el Kindle convertirse en esa supuesta tabla de salvación para la prensa tradicional?

Para responder a esta pregunta, sería interesante fijarse en alguna de las características del Kindle DX: dotado como los anteriores de una pantalla E-Ink de muy bajo consumo y que produce una sensación idéntica en contraste y confort a la de un papel impreso en blanco y negro – incluyendo el hecho, lógicamente, de que no se puede leer a oscuras porque no emite luminosidad alguna – estoy seguro de que la experiencia de lectura de un periódico puede resultar en él sumamente cómoda y placentera. Los aspectos derivados del papel son, después de todo, temas vinculados con la portabilidad o con el puro romanticismo: el papel era, hasta el momento, la mejor solución para leer un periódico en un autobús, por la calle, o en algunos otros sitios que se me ocurren donde algunos leen el periódico, y el Kindle DX, en ese sentido, no da ningún problema o es incluso mejor. Su pantalla evita excesivos desplazamientos de scrolling, se puede escoger fácilmente en cada momento el tamaño de letra, es delgado, resistente, con controles fáciles de usar… realmente, no veo un problema de diseño. Pero… ¿debemos razonar únicamente en función de consideraciones de ergonomía y usabilidad, o va la cosa un poco más allá?

Si nos planteamos qué diferencia a un periódico en el papel frente a uno en la pantalla, o a un periódico en pantalla de una publicación como, por ejemplo, un blog… ¿a qué tipo de conclusiones llegaríamos? El Kindle recibe el archivo del periódico cuando el usuario lo solicita o lo programa, pero éste no se actualiza, como lo haría un periódico online convencional si las noticias cambian, son ampliadas o se suceden los acontecimientos: en ese sentido, Kindle es un reflejo del periódico papel. Si el periódico papel reflejaba las noticias de ayer, la edición de Kindle, en caso de que los editores decidiesen hacerla diferente, reflejaría las noticias de hace un rato gracias al hecho de evitar la pesada y costosa distribución física, pero no cumple con lo que parece haberse convertido en un interesante y paradójico axioma del periodismo contemporáneo: los periódicos ya no pueden ser periódicos, no pueden estar sometidos a una periodicidad. Deben ser continuos. Los periódicos más exitosos en la red son, en gran medida, aquellos que actualizan sus noticias a mayor velocidad.

Esta misma característica impide otro de los atributos que las ediciones online de los periódicos han venido incorporando últimamente, siguiendo el modelo de los blogs: convertirse en algo social, en un sitio donde el lector ya no se limita a leer, sino que también participa con sus comentarios, reenvía las noticias a terceros o a filtros sociales, etc. El periódico se hibrida, en ese sentido, con la máquina de café: no solo leo, sino que comento o veo que comentan otros. Una función que, ante el “proceso por lotes” del Kindle y su no excesiva ergonomia a la hora de introducir información, quedaría severamente limitada, si no directamente impedida. Por otro lado, el Kindle ofrece una gran duración de batería (varios días) merced a su tecnología eInk: la pantalla, en situación de reposo, no consume electricidad alguna, y únicamente lo hace en cada refresco. La publicidad ofrecida por el periódico, por tanto, debería ser específica para el medio: estática, sin redibujados, ni desplegables, ni ningún tipo de formatos de esos que hoy tanto gustan hoy a los medios online (y dicho sea de paso, tan poco gustan a sus lectores).Y mucho más importante: la publicidad perdería gran parte de su “canal de retorno”: un clic en un banner implicaría solicitar una página diferente a la red, entrar en una página seguramente no optimizada para el dispositivo, y navegar por la red en un dispositivo simplemente no diseñado para ello, cuya duración de batería disminuiría además notablemente en caso de verse sometida a un refresco constante.

¿Puede un periódico triunfar con su edición en Kindle? Ofrece ergonomía, sin duda, pero palidece en funciones en comparación con la edición online del periódico medio leída en un dispositivo convencional. Dejando aparte, por supuesto, el hecho de que los editores tengan que compartir sus ingresos por suscripción o venta con un tercero como Amazon puesto en una posición estratégica ventajosísima, ¿verán los periódicos el Kindle como una oportunidad, como un “no me queda otra”, o simplemente no lo verán? Obviamente, algunas de estas limitaciones se irán resolviendo a medida que actúa la Ley de Moore: en poco tiempo, las baterías durarán más, las redes móviles ofrecerán conexiones rapidísimas, la pantala será en color…bigger, better, faster, more! Pero por el momento, la transición del papel a la pantalla, a esa pantalla, no me parece tan sencilla: el Kindle me encanta, pero no es un ordenador al uso, y plantea algunas limitaciones que es preciso considerar. La verdad, tengo bastante curiosidad y ganas de ver cómo funciona este invento.