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Bueno…pues por si alguien lo dudaba (supongo que no) ya tenemos al Dans defendiendo a la mano que le da de comer. Diciendo lo previsible, por supuesto. Para el que sea masoca y quiera tragarse el tocho, ahí va (aprovechad para decir aquí lo que os censura allí):

Varias personas me han pedido que escribiese sobre lo sucedido ayer en Menéame, pintándolo como una “revuelta de usuarios”, una “toma de La Bastilla digital” o algo así. Ayer, cuando empecé a recibir las peticiones, no quise escribir nada. Primero, por un tema puramente personal: las comunidades son entes complejos, explorar lo sucedido no suele ser tarea sencilla, y yo estaba ayer bastante cansado. Y segundo, porque no me parecía que, en realidad, estuviese pasando nada importante o mínimamente trascendente.

Hoy, tras un vistazo a las estadísticas de Menéame (tengo acceso a las estadísticas completas porque utilizo muy a menudo el caso Menéame en clase, y Ricardo, académico como yo, tiene el detalle de darme clave para ello), lo corroboro: el día de ayer fue simplemente “un día más” en términos de tráfico, tanto en páginas vistas como en visitas o en permanencia en la página. Nada fuera de lo normal, ni siquiera máximo local. En muy poco tiempo, ni nos acordaremos de ésto.

¿Qué pasó? Para enterarse, se puede leer el relato de cualquiera de las partes implicadas: el de quien empezó el alboroto, el del blog de Menéame, el de El Mundo o el que muy bien plasma JRMora en sus viñetas. ¿Mi interpretación? Que lo sucedido es simplemente una prueba de hasta qué punto una red social como Menéame – ya sé, la definición correcta es “filtro social”, pero en este caso actúa como entramado de relaciones entre sus miembros, y por tanto red – sirve para propagar informaciones y memes de manera prácticamente incontrolable. En un momento dado durante la tarde de ayer, la totalidad de las noticias destacadas por número de votos tenían que ver con la supuesta “rebelión”. Menéame en particular y la red en general son, en este sentido, como un campo enorme de hierba seca: una cerrilla, y no solo las llamas se propagan a toda velocidad, sino que además, echan mucho, muchísimo humo.

¿Qué es lo importante de lo sucedido ayer en Menéame? Más allá de especulaciones y conspiranoias sobre inexistentes “mafias organizadas”, lo que realmente se puede extraer de todo esto es la enorme fragilidad de los sitios sociales: un sitio social está formado por las aportaciones de sus participantes, y sin éstas, no es nada. Enfada a los participantes, y lo puedes perder todo. Sin embargo, creo que lo sucedido ayer está lejos de ser un enfado generalizado, y representa más un segmento pequeño pero ruidoso, acompañado por un montón de “dedos demasiado rápidos”. Como en todo sitio social, el algoritmo 1:9:90 lo domina todo: por cada persona que sube noticias, nueve las comentan y votan, y 90 únicamente miran. En un caso como éste, que toca al funcionamiento de toda la comunidad, ese uno inicial es un participante muy activo y de aportes muy positivos en Menéame, lo que lleva a la solidaridad a los nueve participativos, y a una gran parte de los noventa de miranda. En la práctica, el ruido es mucho más que las nueces: si preguntásemos individualmente a muchos de los que ayer se sumaron a la presunta revuelta, nos encontraríamos con un panorama muy diferente. Las normas, en un sitio como Menéame, no se ponen por casualidad. Suelen llegar a serlo por un proceso iterativo, y tener una importante razón de ser. En este caso, la norma de no publicar recopilaciones de listas de usuarios es lógica: hacerlo provoca incomodidad en los que aparecen en ellas, y pueden ser utilizadas para motivos perversos.

Lo mejor que se puede extraer de todo esto es una lección sobre la gestión de crisis en este tipo de entornos. Menéame se recuperará perfectamente de lo sucedido ayer: el lunes, el tráfico será prácticamente el mismo que el de otro lunes, y en poco tiempo ni nos acordaremos de ésto. Pero no será ni el primer ni el último sitio social en sufrir este tipo de fenómenos meméticos, como bien saben en Facebook. ¿Lecciones? La primera, actuar rápido y proporcionando muchísima información. El administrador tiene siempre información más completa que el resto de los participantes, y resulta fundamental ser muy transparente y compartir esa información y las razones para la actuación específica a toda velocidad. Los memes y los rumores se propagan mejor cuando hay poca luz. La segunda, cintura, cintura, cintura: las normas están para cumplirse, pero a veces, en este tipo de entornos, hay que relajarlas temporalmente. Es absurdo luchar contra un meme que ya ha prendido. Lo que hay que hacer es desactivarlo, hacer que pierda su efecto. Si te quieres ir, vete, pero no te echaré automáticamente, porque eso resultaría completamente desproporcionado. Mostrar flexibilidad siempre es bueno. Tras esto, simplemente coherencia. Mantener reacciones ponderadas, tratar de actuar coordinadamente si los puntos de actuación son muchos, y quitar importancia a lo que ya de por sí no la tenía, pero se ha visto magnificado por la elevada conductividad de la red.

Y es en este sentido donde pienso que, realmente, no ha pasado nada. Menéame es una gran herramienta, el primer filtro social en español, y uno de los principales polos de tráfico de la red española. Sería completamente absurdo y desproporcionado pensar que fuese a sufrir algún problema derivado de esta pequeña marejadilla. En breve, no solo no nos acordaremos, sino que no descartaría que hasta el propio iniciador de la revuelta volviese a convertirse en el participante activo y positivo que habitualmente fue. Es, simplemente, una tontería que se ha salido de madre. Escandalosa, sí. Importante, en absoluto. No hay ninguna razón de fondo que justifique el ruido provocado. Circulen, aquí no hay nada más que ver.