Sarkozy-PirroCuentan que Pirro, rey de Epiro, logró vencer al Ejército romano por segunda vez en la batalla de Ásculo, cuando corrió en ayuda de los tarentinos por el control de la Magna Grecia. Dos años antes ya había hecho lo propio en Heraclia. Sin embargo, las pérdidas fueron tan enormes en su Ejército y la victoria, tan ajustada, que cuando sus aliados le felicitaron y se deshicieron en alabanzas, Pirro exclamó apesadumbrado: “¡Otra victoria como ésta y estaré vencido!”. Desde entonces, a este tipo de victorias, en que uno no sabe si gana más que pierde, se las conoce como ‘victorias pírricas‘.

El pasado viernes, y a pesar de la posición en contra de la Unión Europea, del fracaso allí donde se ha intentado aplicar, de que supone una vulneración de derechos fundamentales, de que se trata de la protección de intereses particulares frente a los generales, de que no es más que un intento de mantener artificialmente un modelo de mercado y de derechos de autor obsoleto, de que el propio partido en el poder ha sido denunciado por ‘piratería’ y de que, en definitiva, se trata de una norma prácticamente inútil e imposible de aplicar, la Asamblea Nacional francesa aprobaba, por 12 votos contra 4, la Ley Hadopi, también conocida como ‘ley de los tres avisos’ o ‘plan Sarkozy contra el P2P‘. Es decir, la potestad de bloquear el acceso a Internet a aquellos usuarios que hayan sido pillados tres veces compartiendo cultura en la Red.

Esta ley, impulsada apasionadamente por Sarkozy, convierte al presidente galo en un nuevo Pirro, pues para victorias como ésta, casi mejor un fracaso. No le arriendo las ganancias: primero, porque la aprobación ha sido del todo irregular: en una asamblea de 577 diputados, sólo votaron 16, gracias a una triquiñuela del propio Gobierno de Sarkozy, que exigió que se votara inmediatamente tras el debate, cuando se había anunciado que la votación tendría lugar la semana siguiente; y segundo, porque, salvo que el pueblo francés haya renunciado a la dignidad que lo caracteriza, mucho me temo que la norma no será más que papel mojado, si no un foco de conflictos que pueden acabar con el ‘reinado’ del propio Monsieur Pirro de la nueva era.

En España, incluso con el precepto legal de que compartir cultura en la Red sin ánimo de lucro no es delito, también se intenta importar el modelo represivo francés. No lo tienen nada fácil, pero el empeño del lobby cultural y lacomplicidad del ministro de Cultura y algunas operadoras pueden hacerlo realidad. Es decir, pueden lograr una victoria pírrica ‘a la francesa’ cuyos días de gloria acabarían, como ocurrirá en Francia, en la fecha de la siguiente cita electoral. Si no antes, con la retirada vergonzante de una ley que no supone más que una agresión gratuita a la ciudadanía.