captain-copyrightCuando las cosas están basadas en leyes absurdas y antinaturales, se vuelven sumamente complicadas. Que se lo digan al Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que en su intento por defender a la industria de los contenidos de su país, utiliza habitualmente como regalo para otros mandatarios extranjeros productos de dicha industria, conocida precisamente por hacer esta práctica notablemente difícil.

Así, la primera hazaña del Presidente fue ni más ni menos que regalar al Primer Ministro británico, Gordon Brown, un estuche con veinticinco películas clásicas americanas en DVD… codificado para la región 1, es decir, que el Primer Ministro no podría ver en el reproductor de DVD de su casa sin ponerse a romper previamente la protección geográfica (nada que sea imposible de hacer, por supuesto, pero que parece una forma poco adecuada de tratar un regalo diplomático🙂

Pero si el primer regalo del Presidente Obama pretendía convertir al Primer Ministro británico en un supuesto delincuente contra la propiedad intelectual, con el segundo se ha superado decididamente: ha convertido en delincuente a la Reina de Inglaterra. Efectivamente, el regalo de los Obama a Her Majesty the Queen ha consistido ni más ni menos que en un iPod cargado con música y vídeo, algo que, según los abogados consultados, los convierte a ambos en delincuentes: dado que los productos adquiridos por una persona no son “poseídos” sino únicamente “licenciados”, el comprador no tiene derecho a venderlos o regalarlos posteriormente. Toda forma de redistribución está terminantemente prohibida.

La mejor demostración de que las leyes son absurdas viene cuando se comprueba que son imposibles de cumplir. En algún momento los políticos dejarán de defender pseudoderechos abusivos y absurdos inventados hace menos de cien años, y recuperarán el sentido común. Los consumidores ya lo hemos hecho.